
Bourjois
Fisiológicamente, la piel grasa es una piel de excesos: exceso de secreción sebácea, que produce brillos; exceso de células muertas, que aumentan el espesor cutáneo y dilatan poros; y exceso de bacterias, que favorecen el enrojecimiento, las alteraciones y los granitos. Es, pues, una piel propensa a desequilibrios y necesita cuidados muy específicos para mantenerla sana. Porque a pesar de que tenga grasa, suele ser una piel que necesita mucha agua.
Pero no todo es catastrófico: la piel grasa cuenta con una cierta protección ante las agresiones externas y la aparición de arrugas, lo que hace que las personas mayores con esta piel parezcan más jóvenes de lo que son. Sin embargo, el paso de los años deja otras huellas en su rostro, como flacidez, descolgamiento y deshidratación.
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