La caída del cabello en septiembre empieza mucho antes (¡por ejemplo, ahora mismo!)

Cada septiembre ocurre lo mismo: el cepillo se llena de más cabellos de lo habitual y muchas personas comienzan a buscar tratamientos para frenar una caída que parece haber aparecido de repente. Sin embargo, la caída del cabello en septiembre no empieza cuando termina el verano. En realidad, lo que vemos a la vuelta de las vacaciones es la consecuencia de un proceso que comenzó meses antes y al que se suma el desgaste que el cabello acumula durante la época estival.

Por eso, aunque no sea posible evitar por completo la caída estacional, sí podemos ayudar a que el cabello llegue en mejores condiciones al otoño. La clave está en proteger no solo la fibra capilar, sino también el cuero cabelludo, mantener una buena hidratación y reducir las agresiones propias del verano. Son pequeños gestos que no cambian el ciclo natural del cabello, pero sí pueden marcar la diferencia en su aspecto y resistencia.

La caída estacional forma parte del ciclo del cabello

Antes de alarmarse, conviene saber que perder más cabello al final del verano suele ser un proceso completamente fisiológico. De hecho, el aumento de la caída que muchas personas observan en septiembre no responde a un daño repentino provocado por las vacaciones, sino al funcionamiento normal del folículo piloso.

El Dr. Ramón Grimalt, dermatólogo, tricólogo y profesor de Dermatología de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC Barcelona), explica que «en general, el pelo muere en primavera, aunque suele tardar tres meses en caerse y no hay que olvidar que si un pelo muere es porque hay otro detrás empujando para nacer». Por eso, el especialista recuerda que «casi todos los cabellos que se caen en otoño se recuperan y reaparecerán al cabo de tres o cuatro meses». Saber que este proceso forma parte del ciclo capilar ayuda a evitar preocupaciones innecesarias, aunque no significa que el estado del cabello sea irrelevante.

Entonces, ¿por qué conviene cuidar el cabello desde ahora?

Que la caída estacional sea normal no quiere decir que todo esté escrito de antemano. Durante el verano, el cabello está sometido a un auténtico cóctel de agresiones: radiación ultravioleta, altas temperaturas, agua salada, cloro, sudor y lavados más frecuentes. Todo ello puede debilitar la fibra capilar, favorecer la deshidratación y aumentar la rotura.

Conviene distinguir entre dos situaciones distintas. Una es la caída del cabello desde la raíz, que responde al ciclo natural del folículo. Otra muy diferente es que la melena llegue a septiembre más frágil, áspera y sin brillo porque la fibra se ha deteriorado durante los meses de verano. Precisamente por eso, además de proteger el color o controlar el encrespamiento —aspectos de los que ya hemos hablado en otros artículos de Belleza Activa–, también merece la pena prestar atención a la salud del cuero cabelludo.

El gran olvidado: el cuero cabelludo

Cuando pensamos en fotoprotección solemos acordarnos del rostro y del cuerpo, pero pocas veces del cuero cabelludo. Sin embargo, también está expuesto a la radiación ultravioleta y puede sufrir quemaduras, especialmente en personas con el cabello fino, una raya muy marcada o zonas con menor densidad capilar.

Proteger esta zona con sombreros, gorras o fotoprotectores específicos no solo ayuda a prevenir el daño provocado por el sol, sino que también favorece que el cuero cabelludo mantenga unas condiciones adecuadas para el crecimiento del cabello. Al fin y al cabo, una melena sana empieza por un cuero cabelludo sano.

Una fibra hidratada resiste mejor

La hidratación tampoco impide que el cabello complete su ciclo natural, pero sí mejora su resistencia frente a las agresiones externas. El sol, la sal y el cloro hacen que la fibra pierda agua con mayor facilidad, lo que se traduce en una melena más seca, más áspera y con mayor tendencia a romperse.

Incorporar mascarillas nutritivas, acondicionadores y productos sin aclarado durante el verano ayuda a conservar la elasticidad y la suavidad del cabello. El objetivo no es evitar la caída fisiológica de septiembre, sino impedir que la melena llegue debilitada por un exceso de rotura y deshidratación.

Pequeños hábitos que ayudan a llegar mejor al otoño

Los daños del verano no dependen únicamente del sol. Algunos gestos cotidianos también pueden pasar factura cuando se repiten durante semanas. Llevar recogidos muy tirantes, desenredar el cabello con brusquedad, abusar de las herramientas térmicas o dejar durante horas restos de sal y cloro sobre la fibra son hábitos que aumentan el desgaste del cabello.

Reducir estas agresiones es una forma sencilla de preservar la calidad de la melena. Un cabello menos castigado conservará mejor su brillo, su elasticidad y su volumen, de modo que el cambio de estación será mucho menos evidente desde el punto de vista estético.

¿Cuándo conviene consultar con un especialista?

Aunque el aumento de la caída al final del verano suele ser temporal, hay situaciones en las que merece la pena acudir a un dermatólogo. Si la caída se prolonga durante varios meses, aparecen zonas con menor densidad, el volumen disminuye de forma llamativa o la cantidad de cabello que se pierde resulta excesiva, conviene descartar otras posibles causas.

Alteraciones hormonales, déficits nutricionales o determinadas enfermedades del cuero cabelludo también pueden provocar una caída capilar y requieren un diagnóstico específico. Por eso, cuando el problema deja de parecer un recambio estacional y empieza a afectar de forma evidente a la densidad del cabello, consultar con un especialista es siempre la mejor decisión.

El mejor momento para evitar caída del cabello en septiembre es ahora

La principal conclusión es sencilla: la caída del cabello en septiembre forma parte del ciclo natural del cabello y, en la mayoría de los casos, no puede evitarse. Sin embargo, el aspecto con el que la melena llegará al otoño sí depende, en buena medida, de los cuidados que reciba durante el verano.

Proteger el cuero cabelludo, mantener una buena hidratación y reducir el daño acumulado por el sol, la sal y el cloro no cambiará el calendario del folículo, pero sí ayudará a que el cabello afronte septiembre con más fuerza, brillo y resistencia. Y esa es una diferencia que se empieza a construir mucho antes de que termine el verano.

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