Tu rutina de cuidado íntimo también cambia en verano: esto es lo que debes saber

El cuidado íntimo en verano merece una atención especial cuando hablamos de rutinas de belleza. El calor, el aumento de la sudoración, los baños frecuentes y algunas rutinas propias de las vacaciones pueden coincidir con cambios en el equilibrio de la zona vaginal y con la aparición de molestias como picor, escozor o alteraciones en el flujo. Pero no todos estos síntomas responden al mismo problema y, ante una posible infección, saber identificarlos y consultar con un profesional es fundamental.

La candidiasis vaginal y la vaginosis bacteriana son dos de las afecciones que más dudas generan. Aunque pueden compartir algunas molestias, tienen un origen diferente y no deben confundirse. Dos especialistas, la doctora Belén Gómez, ginecóloga del Hospital Universitario Infanta Leonor y colaboradora habitual de Chilly, y la doctora Mercedes Herrero, ginecóloga, sexóloga y jefa de la unidad de mama Gine4 de HM Hospitales, que aborda estas cuestiones en colaboración con Intimina, firma especializada en salud íntima femenina, nos ayudan a entender qué puede ocurrir durante los meses de calor y cómo cuidar nuestra salud íntima sin caer en falsos remedios ni en una higiene excesiva.

¿Por qué debemos prestar más atención al cuidado íntimo en verano?

Pasar más tiempo en bañador, sudar más de lo habitual o encadenar baños en la playa y la piscina forma parte de la rutina estival. Según explica la doctora Belén Gómez en información facilitada por Chilly, estas circunstancias pueden aumentar la humedad de la zona genital y favorecer determinados desequilibrios. «En verano, el aumento de temperaturas y sudoración, salidas al aire libre y baños repetidos, aumentan la humedad en la zona genital. Esta situación puede favorecer la proliferación de gérmenes como hongos o bacterias, que se encuentran en nuestra piel y nuestro tracto digestivo y ya colonizan la vagina habitualmente sin provocar síntomas«, explica la doctor Gómez.

La doctora señala también la importancia del equilibrio de la flora vaginal, compuesta principalmente por lactobacilos. Cuando este se altera, añade, determinados microorganismos pueden crecer de forma desproporcionada y aparecer síntomas de vulvovaginitis, como picor, escozor o cambios en la secreción vaginal.

Candidiasis y vaginosis bacteriana: no son lo mismo

Aunque solemos agrupar bajo el término de «infecciones íntimas» problemas muy distintos, aprender a diferenciarlos puede ayudarnos a saber cuándo debemos pedir consejo profesional. La candidiasis está relacionada con un crecimiento excesivo de especies de Candida, mientras que la vaginosis bacteriana se produce por una alteración del equilibrio de las bacterias presentes en la vagina.

La doctora Mercedes Herrero explica, en información facilitada por Intimina, que «la vaginosis bacteriana aparece cuando se altera el equilibrio de bacterias en la vagina, y las protectoras Lactobacillus son superadas por otras menos beneficiosas«. Entre sus manifestaciones pueden aparecer un flujo fino de color grisáceo o blanquecino y un olor característico.

En el caso de la candidiasis vaginal, la especialista señala que «suele estar originada por un crecimiento excesivo de especies de Candida, especialmente Candida albicans, una levadura que vive de forma natural en pequeñas cantidades en la vagina«. Cuando prolifera en exceso, puede provocar picor intenso, irritación, enrojecimiento genital y un flujo blanco y espeso.

El bañador mojado y otros hábitos del verano

Una de las recomendaciones más repetidas durante las vacaciones es no permanecer demasiado tiempo con el bañador mojado. La doctora Herrero incluye precisamente cambiarse el bañador cuanto antes y utilizar ropa transpirable entre las medidas que pueden ayudar a reducir el riesgo de irritación e infección durante los meses estivales.

La especialista pone el foco, además, en el efecto acumulativo de diferentes circunstancias propias de las vacaciones: Por separado, cada uno de estos factores suele ser manejable. Sin embargo, cuando se acumulan durante dos o tres semanas, el microbioma vaginal puede verse seriamente afectado. Además, los síntomas no siempre aparecen de inmediato«. Por este motivo, algunas molestias pueden manifestarse días después o incluso al regresar de las vacaciones.

Esto no significa que debamos obsesionarnos con cada baño en la piscina o con cualquier cambio puntual. Sí puede ser útil prestar atención a cómo reacciona nuestro cuerpo y evitar mantener durante horas una zona húmeda y con poca transpiración.

Higiene íntima: más no siempre significa mejor

El cuidado de la zona íntima no requiere multiplicar los gestos de higiene durante el verano. De hecho, algunos hábitos aparentemente destinados a sentirnos más limpias pueden resultar contraproducentes.

La doctora Herrero aconseja «evitar geles, jabones o toallitas perfumadas en la zona vulvar, ya que pueden favorecer la irritación y alterar el entorno vaginal«. También desaconseja las duchas vaginales, una práctica que puede interferir con las bacterias beneficiosas presentes de manera natural en la vagina.

Conviene recordar, además, que vagina y vulva no son lo mismo. La vagina posee sus propios mecanismos de limpieza, por lo que no necesita lavados internos. El cuidado cotidiano debe centrarse en la zona externa y evitar prácticas agresivas o productos que puedan causar irritación.

¿Y si aparecen picor, escozor o cambios en el flujo?

Observar los síntomas puede ofrecer algunas pistas, pero el autodiagnóstico tiene sus límites. La doctora Gómez explica que «las vulvovaginitis suelen tener síntomas comunes, como el picor genital, el escozor y la alteración del flujo«. Según señala, un flujo grumoso, espeso y blanquecino suele asociarse a la candidiasis, mientras que un olor intenso y desagradable acompañado de cambios en el flujo puede orientar hacia una vaginosis bacteriana.

Ante estos síntomas, la especialista desaconseja recurrir sin más a remedios caseros: «Ante cualquiera de estas señales, los remedios caseros no aseguran un tratamiento seguro, pudiendo en algunas ocasiones empeorar los síntomas». Si las molestias persisten, reaparecen o empeoran, recomienda acudir al ginecólogo para valorar el origen del problema y determinar el tratamiento adecuado.

Pequeños gestos para cuidar tu bienestar íntimo este verano

Cambiarse el bañador mojado, elegir prendas que permitan una buena transpiración y evitar productos perfumados o prácticas de higiene agresivas son algunos de los gestos que las especialistas destacan para cuidar la zona íntima durante las vacaciones.

Sobre todo, conviene escuchar al cuerpo. El picor persistente, el escozor, el mal olor o un cambio significativo en el flujo no deberían normalizarse ni tratarse repetidamente por nuestra cuenta. Incorporar el cuidado íntimo en verano a nuestra rutina de bienestar significa también saber reconocer cuándo algo ha cambiado y buscar asesoramiento profesional cuando sea necesario.

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