Las dudas sobre los filtros solares siguen siendo frecuentes a pesar de que cada vez sabemos más sobre los efectos de la radiación ultravioleta en nuestra piel. ¿Las pieles morenas necesitan protegerse? ¿El bronceado crea una defensa frente al sol? ¿Los filtros minerales reflejan la radiación y los químicos la absorben? Algunas ideas que hemos dado por ciertas durante años necesitan más de un matiz.
Camaleon Cosmetics ha compartido con Belleza activa una valiosísima información ofrecida por la ingeniera química y divulgadora Cristina Carvajal (@caldesnud), que aborda algunas de estas cuestiones desde una perspectiva científica. Repasamos diez claves para entender mejor cómo funciona la fotoprotección y qué debemos tener en cuenta para proteger nuestra piel.
1. El daño solar no ocurre solo en verano
Aunque asociemos el protector solar con las vacaciones, la radiación ultravioleta está presente durante todo el año. Las nubes tampoco la bloquean por completo, por lo que un día gris no significa necesariamente que podamos olvidarnos de la fotoprotección.
¿Y cuando estamos en interiores? Aquí conviene matizar: el vidrio común bloquea en gran medida la radiación UVB, pero puede permitir el paso de parte de los rayos UVA. La exposición dependerá, por tanto, de factores como la proximidad y el tiempo que pasemos junto a las ventanas.
2. La cantidad de protector importa
Entre las dudas sobre los filtros solares, una cuestión fundamental es cuánto producto debemos aplicar. Utilizar protector no garantiza por sí solo que estemos obteniendo el nivel de protección indicado en el envase.
«Un protector solar solo funciona si lo pones en la cantidad necesaria», explica Carvajal. Para el rostro y el cuello suele utilizarse como orientación práctica la conocida regla de los dos dedos. Lo importante es aplicar una cantidad suficiente, distribuirla uniformemente por las zonas expuestas y reaplicar cuando sea necesario.
3. El bronceado no es un escudo protector
Durante décadas hemos asociado estar moreno con una apariencia saludable. Biológicamente, sin embargo, el bronceado es una respuesta de la piel frente a la radiación ultravioleta.
«El bronceado es una respuesta biológica de defensa frente a la radiación UV y el callo solar no existe, en el momento en que la piel se oscurece se está dañando», afirma Carvajal.
La melanina ejerce una función protectora natural, pero haber adquirido un tono más oscuro no significa que podamos exponernos al sol sin protección.
4. Las pieles oscuras también necesitan fotoprotección
Una mayor cantidad de melanina proporciona cierta protección natural y puede hacer que el enrojecimiento provocado por el sol sea menos evidente. Pero eso no convierte a las pieles oscuras en inmunes a los efectos de la radiación ultravioleta.
Como recuerda la divulgadora, tener más melanina «no las exime de que las radiaciones ultravioletas puedan dañar sus células, aunque el enrojecimiento sea menor». La fotoprotección debe adaptarse al fototipo y a las circunstancias de exposición y combinarse con otras medidas, como buscar la sombra o utilizar ropa, sombreros y gafas de sol.
5. UVA y UVB no son lo mismo
Los rayos UVB están especialmente relacionados con las quemaduras solares, mientras que los UVA penetran más profundamente en la piel y contribuyen al fotoenvejecimiento y al daño cutáneo acumulativo. «La radiación UVA es la principal responsable de daños foto-oxidativos relacionados con el envejecimiento prematuro», señala Carvajal. Por eso es importante elegir protectores de amplio espectro, que ofrezcan protección frente a ambos tipos de radiación.
6. El sol también envejece la piel
Manchas, arrugas y pérdida de firmeza no dependen exclusivamente del paso del tiempo. La exposición acumulada a la radiación solar es uno de los principales factores externos implicados en el envejecimiento prematuro de la piel.
La radiación UV puede contribuir a procesos que afectan a componentes estructurales de la dermis, entre ellos el colágeno y la elastina. De ahí que proteger la piel del sol sea también uno de los gestos fundamentales cuando hablamos de prevenir el fotoenvejecimiento.
7. Filtros minerales y orgánicos: no funcionan de forma tan diferente
Una de las dudas sobre los filtros solares más habituales tiene que ver con su funcionamiento. Una explicación muy extendida sostiene que los filtros minerales —también llamados físicos— reflejan la radiación como un espejo, mientras que los orgánicos —popularmente conocidos como químicos— la absorben. La realidad es más compleja.
«Tanto la protección física como la química absorben la radiación solar. Es verdad que la física, además, puede reflejar una parte», explica Carvajal. Por tanto, la diferencia entre ambos tipos de filtros no debería reducirse simplemente a la idea de que unos reflejan y otros absorben.
8. «Químico» no significa peligroso
La llamada quimiofobia ha contribuido a extender la percepción de que un ingrediente es más seguro simplemente por ser «natural». Sin embargo, natural y seguro no son conceptos equivalentes, del mismo modo que sintético no significa automáticamente perjudicial.
Los filtros solares autorizados en los productos cosméticos comercializados en la Unión Europea están sujetos a regulación y evaluación de seguridad. En lugar de demonizar determinadas fórmulas por el origen de sus ingredientes, resulta más útil valorar su seguridad, eficacia y adecuación a nuestra piel.
9. Los antioxidantes pueden complementar la fotoprotección
Los antioxidantes han adquirido un papel relevante en muchas fórmulas cosméticas destinadas a combatir el estrés oxidativo provocado por factores ambientales.
«Los antioxidantes no solo protegen la piel de los radicales libres, sino que hacen un efecto booster y estabilizador de los filtros solares», señala Carvajal. En cualquier caso, conviene recordar que los antioxidantes no sustituyen a los filtros solares. Pueden complementar el cuidado frente al estrés oxidativo, pero no reemplazan una fotoprotección adecuada.
10. La barrera cutánea también necesita cuidados
El sol puede afectar a la función barrera de la piel y una barrera alterada puede traducirse en mayor sensibilidad y menor capacidad para retener la hidratación.
Por este motivo, Carvajal recomienda prestar atención a fórmulas que, además de ofrecer fotoprotección, incorporen ingredientes destinados a cuidar la barrera cutánea, como las ceramidas y determinados ácidos grasos. Es una tendencia cada vez más presente en productos que buscan combinar protección y cuidado cosmético.
El mejor protector es el que utilizas correctamente
Resolver las dudas sobre los filtros solares nos ayuda a elegir mejor, pero hay una cuestión que no debemos perder de vista: un buen protector debe permitirnos aplicar una cantidad suficiente y utilizarlo con constancia.
La textura y el acabado importan porque influyen directamente en nuestra experiencia de uso. Encontrar una fórmula adaptada al tipo de piel y a nuestras preferencias puede facilitar que la fotoprotección se convierta realmente en un hábito. Y ningún protector debería entenderse como una invitación a prolongar indefinidamente la exposición: buscar la sombra y recurrir a la ropa, las gafas de sol o los sombreros siguen formando parte de una estrategia completa frente al sol.
