Beauty tech: los dispositivos de belleza que conquistan las rutinas en casa

Una mujer haciendo uso de la beauty tech

El neceser de belleza hace tiempo que dejó de contener solo cosméticos. Secadores cada vez más sofisticados, cepillos alisadores, dispositivos de microcorrientes, máscaras LED, rodillos de frío… La beauty tech está trasladando al hogar tecnologías y gestos que hasta hace poco asociábamos principalmente con peluquerías, centros de estética o consultas dermatológicas. Pero que un aparato se ponga de moda o multiplique sus ventas no significa necesariamente que haga todo lo que promete.

Los datos facilitados por la plataforma Klarna permiten hacerse una idea del fenómeno. La compañía comparó las compras de dispositivos de belleza realizadas en España en 2024 y 2025 por consumidores de entre 26 y 35 años y encontró importantes incrementos en algunas categorías. Es una fotografía parcial —no representa a todos los millennials ni a toda la Generación Z—, pero revela el interés que están despertando estos aparatos entre los consumidores jóvenes.

Del secador al hair styling tecnológico

El cabello es uno de los grandes protagonistas de esta transformación. Según los datos de Klarna, durante 2025 las ventas de los secadores alisadores por aire crecieron un 128% entre los consumidores analizados, mientras que las de cepillos alisadores aumentaron un 102% y las de secadores profesionales, un 41%.

Son cifras que muestran una clara demanda de herramientas de peinado para utilizar en casa, aunque los datos por sí solos no permiten concluir por qué se compran más ni si quienes las adquieren buscan específicamente sustituir los servicios profesionales.

Lo que sí resulta evidente es que la tecnología se ha incorporado al styling cotidiano. Control de la temperatura, diferentes sistemas de flujo de aire o herramientas que combinan varias funciones han ampliado considerablemente la oferta disponible para secar, alisar o moldear el cabello.

La skin tech también entra en el baño

Si el crecimiento de las herramientas capilares llama la atención, algunos dispositivos para el rostro todavía lo hacen más. Entre los compradores estudiados por Klarna, las ventas de aspiradores de puntos negros aumentaron un 156%; las de dispositivos faciales con microcorrientes, un 85%, y las de rodillos de hielo, un 63%.

Y es precisamente aquí donde conviene separar tendencia y eficacia. Bajo el enorme paraguas de la beauty tech conviven tecnologías muy diferentes, con mecanismos de acción, objetivos y grados de evidencia que tampoco son comparables.

Un rodillo frío no hace lo mismo que un dispositivo de microcorrientes, del mismo modo que una máscara LED no puede equipararse a un aspirador de poros. Por tanto, tampoco tiene sentido atribuir beneficios a la beauty tech en general: cada tecnología debe valorarse por separado y en función de aquello que promete conseguir.

¿Funcionan realmente los dispositivos de belleza domésticos?

La respuesta más rigurosa es: depende.

La American Academy of Dermatology (AAD), por ejemplo, señala que determinados dispositivos domésticos de luz roja pueden utilizarse como complemento para tratar algunos signos del envejecimiento cutáneo. Sin embargo, advierte de que existe una gran variedad de aparatos y que todavía se necesitan más estudios para conocer su eficacia a largo plazo. Además, los dispositivos domésticos emplean niveles de energía inferiores a los tratamientos realizados por dermatólogos.

Algo similar ocurre cuando hablamos de luz para tratar el acné. La AAD explica que determinados tratamientos con luz visible pueden actuar sobre algunos tipos de lesiones, pero no son eficaces frente a puntos negros, puntos blancos, quistes o nódulos.

Es un matiz especialmente interesante teniendo en cuenta que los aspiradores de puntos negros son precisamente la categoría que registra el mayor crecimiento entre los datos facilitados por Klarna. Popularidad y evidencia científica no son necesariamente sinónimos.

Cuando llevar el tratamiento a casa no es buena idea

La posibilidad de realizar cada vez más cuidados sin salir de casa tiene un indudable atractivo, pero también ha difuminado en algunos casos la frontera entre un cosmético, un dispositivo de uso doméstico y un procedimiento que debería realizar un profesional.

La AAD ha advertido sobre algunas tendencias de cuidado de la piel popularizadas en redes sociales y recomienda consultar con un dermatólogo antes de utilizar determinados dispositivos domésticos, especialmente cuando existen problemas cutáneos o se pretende tratar una alteración concreta.

Un ejemplo especialmente claro es el microneedling. La FDA estadounidense recuerda que los dispositivos médicos de microagujas que ha autorizado están destinados a usos específicos y a ser utilizados por profesionales especialmente capacitados. También advierte de posibles riesgos, entre ellos cambios de pigmentación, reactivación del herpes o infección cuando el procedimiento no se realiza correctamente.

No significa que debamos desconfiar de cualquier aparato que llegue al mercado. Significa que cuanto más invasiva sea una tecnología y mayores sean los resultados que promete, más importante resulta comprobar qué evidencia y garantías existen detrás.

Tecnología sí, pero también presupuesto

Hay otro dato del informe Beauty de Klarna que introduce un contrapunto interesante. El estudio, realizado en septiembre de 2025 junto a Appinio entre 1.000 mujeres residentes en España, señala que el 82% reconoce haber renunciado a productos de belleza por considerarlos demasiado caros, mientras que solo un 12,5% afirma no tener límites en su presupuesto beauty.

Y este aspecto cobra especial importancia cuando hablamos de dispositivos que pueden representar una inversión considerable.

Antes de comprar, por tanto, merece la pena plantearse algo más que si el aparato se ha hecho viral: ¿qué tecnología utiliza?, ¿para qué está indicada?, ¿existen estudios que avalen sus resultados?, ¿qué diferencia hay entre ese dispositivo doméstico y el equivalente profesional?, ¿requiere alguna precaución especial?

Beauty tech, sí, pero con criterio

La tecnología probablemente seguirá ganando espacio en nuestras rutinas de belleza. Los datos de consumo apuntan en esa dirección y basta echar un vistazo al mercado para comprobar la cantidad de nuevos dispositivos que compiten por hacerse un hueco en nuestro cuarto de baño.

Pero tener más tecnología a nuestro alcance no convierte automáticamente nuestra casa en una cabina profesional. Algunas herramientas pueden resultar útiles; otras ofrecerán resultados mucho más modestos de lo que su publicidad sugiere y determinadas técnicas requieren conocimientos profesionales.

Así que, antes de invertir en el último dispositivo viral, quizá la pregunta no debería ser «¿lo tiene todo el mundo?», sino una mucho más sencilla: ¿qué puede hacer realmente por mi piel o mi cabello?

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