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¿Manchas después del verano? Así puedes recuperar un tono más uniforme

Montibello

Después de semanas de playa, piscina y muchas horas al aire libre, es bastante habitual descubrir manchas en la piel después del verano o comprobar que algunas que ya estaban ahí se han vuelto mucho más visibles. El rostro, el escote y las manos suelen ser las zonas donde más se nota. Pero antes de lanzarse sobre el primer cosmético despigmentante conviene saber qué tipo de pigmentación tenemos delante, porque un léntigo solar y un melasma no se comportan igual ni se tratan de la misma manera.

«La etiología de las manchas es multifactorial. Aunque la genética y la exposición solar prolongada y mantenida a lo largo de los años son las principales causas de una piel manchada», explica la médico estético Iratxe Díaz.

Septiembre puede ser un buen momento para observar la piel, revisar la rutina cosmética y, cuando las manchas preocupan o han cambiado de aspecto, consultar con un dermatólogo antes de intentar borrarlas por nuestra cuenta.

No todas las manchas son iguales

Uno de los errores más habituales es meter cualquier zona oscurecida de la piel en el mismo saco. Entre las alteraciones pigmentarias que pueden hacerse especialmente evidentes tras los meses de mayor exposición solar se encuentran los léntigos solares y el melasma, pero son problemas diferentes.

Los léntigos solares son lesiones pigmentadas benignas relacionadas con la exposición a la radiación ultravioleta. Aparecen sobre todo en áreas que han recibido mucho sol a lo largo de los años y no necesitan tratamiento por razones médicas, aunque pueden tratarse por motivos estéticos. La fotoprotección ayuda además a prevenir la aparición de nuevas lesiones. Entre las opciones dermatológicas utilizadas para tratarlos se encuentran la crioterapia, determinados láseres, la luz pulsada intensa (IPL), los peelings y algunos tratamientos tópicos.

El melasma, en cambio, suele presentarse como áreas de pigmentación más extensas e irregulares, especialmente en el rostro. Su origen es complejo y en él intervienen diferentes factores, entre ellos la radiación solar y factores hormonales. Además, tiene tendencia a reaparecer. «El melasma tiene un componente hormonal que hace que vuelva a aparecer con la exposición solar», señala Díaz. Las recomendaciones internacionales actuales consideran imprescindible la fotoprotección diaria y priorizan determinados tratamientos tópicos; procedimientos como los peelings o el microneedling pueden utilizarse como complemento, mientras que los láseres suelen reservarse para casos seleccionados.

El protector solar sigue siendo imprescindible en otoño

Guardar el fotoprotector cuando guardamos el bañador es probablemente una de las peores decisiones si queremos mejorar las manchas en la piel después del verano. La protección solar no solo ayuda a prevenir nuevas hiperpigmentaciones, sino que forma parte del propio tratamiento de problemas como el melasma.

Y no solo interviene la radiación ultravioleta. La evidencia científica muestra que la luz visible también puede contribuir a la hiperpigmentación y al empeoramiento del melasma. Un consenso internacional publicado en 2026 confirma su papel en determinados trastornos pigmentarios.

Por eso, en personas con tendencia al melasma puede ser interesante recurrir a fotoprotectores de amplio espectro que también ofrezcan protección frente a la luz visible. Los protectores solares con color que incorporan óxidos de hierro han mostrado ventajas en este sentido.

¿La consecuencia práctica? SPF alto y de amplio espectro todos los días, también cuando el verano ha terminado. Y si existe melasma o tendencia a la hiperpigmentación, merece la pena consultar con el dermatólogo qué tipo de fotoprotección resulta más adecuada.

¿Vitamina C, retinol, ácidos…? Los activos que pueden ayudar

La cosmética puede ser una buena aliada para recuperar un tono más uniforme, pero no existe un ingrediente capaz de hacer desaparecer cualquier mancha.

Iratxe Díaz propone combinar «fotoprotector + antioxidantes + renovadores celulares» y cita entre los activos utilizados la vitamina C, el ácido kójico, el ácido ferúlico, la floretina, los alfahidroxiácidos (AHA) y el retinol.

Algunos de ellos actúan sobre distintos mecanismos implicados en la pigmentación y otros favorecen la renovación de la piel o aportan una acción antioxidante. Pero eso no significa que debamos utilizarlos todos simultáneamente. Introducir varios ácidos y retinoides de golpe puede irritar la piel, y una inflamación excesiva puede convertirse precisamente en enemiga cuando existe tendencia a la hiperpigmentación.

El ácido kójico, por ejemplo, figura entre las alternativas tópicas contempladas por el reciente consenso internacional sobre el tratamiento del melasma. Otros tratamientos despigmentantes de mayor potencia, como los formulados con hidroquinona, requieren control médico.

Cuando la cosmética no es suficiente

Hay manchas que responden mejor a procedimientos realizados en consulta. Para los léntigos solares existen opciones como la crioterapia, los láseres específicos para pigmento o la IPL. No obstante, antes de eliminar una lesión pigmentada es fundamental que esté correctamente diagnosticada: algunas lesiones cutáneas pueden parecer un léntigo y necesitar una valoración diferente.

En el melasma hay que ser especialmente prudentes. «Preferimos tratarlo con tratamientos despigmentantes tópicos y solo en ocasiones recurrimos al láser», explica Díaz. La recomendación coincide en términos generales con el consenso internacional actual, que sitúa los tratamientos tópicos y la fotoprotección en el centro del abordaje y reserva los procedimientos más agresivos para situaciones seleccionadas.

Entre las opciones que utiliza Iratxe Díaz se encuentra también HydraFacial Britenol, un procedimiento no invasivo que combina exfoliación, peeling, extracción, aplicación de un sérum específico, luz LED e hidratación. La doctora lo emplea para mejorar la pigmentación irregular y homogeneizar el aspecto del rostro, siempre dentro de un abordaje personalizado y no como una solución universal para cualquier tipo de mancha.

Más que eliminarlas, aprender a mantenerlas bajo control

Como advierte la doctora Iratxe Díaz: «Nunca debemos hablar de eliminación de manchas, sino de controlar». Y es que, especialmente cuando hablamos de melasma, mejorar la pigmentación no significa que el problema haya desaparecido definitivamente. La exposición solar puede volver a estimularla, de modo que la prevención y el mantenimiento son tan importantes como el tratamiento inicial.

Si este verano has descubierto una mancha nueva, además, no des por hecho que es simplemente consecuencia del sol. Una lesión pigmentada nueva, que cambia de tamaño, forma o color, presenta varios tonos, bordes irregulares o cualquier otra evolución llamativa debe ser valorada por un dermatólogo.

La estrategia para abordar las manchas en la piel después del verano empieza por algo bastante menos sofisticado que un tratamiento despigmentante: saber qué tipo de mancha tenemos. A partir de ahí, fotoprotección constante, una rutina cosmética bien escogida y, cuando sea necesario, tratamiento dermatológico pueden ayudar a recuperar progresivamente un tono más uniforme sin poner en riesgo la salud de la piel.

La cosmética que te puede ayudar…

 

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