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¿Nuestro cabello tiene fecha de caducidad? Lo que debes saber sobre la vida de cada folículo

Encontrar más pelos de lo habitual en la ducha o el cepillo al llegar el otoño puede hacernos pensar que nuestra melena tiene una especie de cuenta atrás. Pero para entender qué ocurre realmente hay que conocer el ciclo de vida del cabello. Y hay un dato especialmente llamativo: se estima que cada folículo piloso puede completar un número limitado de ciclos a lo largo de nuestra vida. ¿Significa eso que cada cabello que perdemos nos acerca un poco más a quedarnos sin pelo?

La documentación facilitada por Nuggela & Sulé sitúa ese «capital» aproximadamente entre 10 y 30 ciclos por folículo, dependiendo de factores genéticos, hormonales y ambientales. La cifra aparece también descrita en la literatura científica, pero no debemos imaginar 30 vidas idénticas que podamos ir tachando del calendario. Cada ciclo puede tener una duración diferente y el comportamiento del folículo cambia a lo largo de los años.

La primera buena noticia es importante: cuando un pelo cae, el folículo no desaparece necesariamente con él.

El folículo, una pequeña fábrica de cabello

El cabello que vemos es solo una parte de la historia. Bajo la piel se encuentra el folículo piloso, una compleja estructura que produce el tallo capilar y atraviesa repetidamente periodos de crecimiento, regresión y reposo.

«El folículo piloso es una estructura compleja situada en la piel cuya función principal es producir cabello de manera cíclica», explica Adolfo Remartínez, fundador de Nuggela & Sulé. El experto recuerda que es capaz de generar un nuevo tallo, entrar en reposo, permitir que se desprenda el cabello anterior y comenzar de nuevo el proceso.

Por eso es importante diferenciar caída y alopecia. Que un cabello se desprenda al finalizar su ciclo forma parte de la renovación fisiológica. El problema aparece cuando ese equilibrio se altera, el cabello perdido no se recupera adecuadamente o el nuevo nace progresivamente más fino.

Así funciona el ciclo de vida del cabello

La etapa más larga es la fase anágena o de crecimiento, que puede prolongarse entre dos y siete años. Durante este periodo, el cabello crece aproximadamente un centímetro al mes, aunque tanto el ritmo como la duración dependen de factores individuales.

Después llega la fase catágena, una breve etapa de transición en la que se detiene el crecimiento. Finalmente, durante la fase telógena o de reposo, el cabello permanece todavía anclado al folículo hasta que se desprende y deja paso a un nuevo ciclo.

Esto explica algo que solemos olvidar cuando encontramos pelos en la ducha: el cabello que cae puede haber dejado de crecer meses antes. Su desprendimiento no significa que acabemos de dañar el folículo ni que este haya perdido necesariamente la capacidad de producir otro.

Entonces, ¿solo pueden nacer 30 pelos de cada folículo?

Aquí conviene poner freno a los titulares demasiado rotundos. Se estima que un folículo puede completar aproximadamente entre 10 y 30 ciclos a lo largo de la vida, pero eso no significa que todos tengamos exactamente 30 cabellos «asignados» a cada folículo.

De hecho, no es posible calcular cuándo se agotará ese supuesto «capital». Las fases del ciclo de vida del cabello tienen distinta duración en cada persona y pueden cambiar con el paso de los años debido a factores genéticos, hormonales o externos.

Por tanto, no debemos interpretar cada pelo perdido como una de nuestras «30 oportunidades» desperdiciadas. El envejecimiento del folículo es un proceso mucho más complejo que un contador que simplemente llega a cero.

Cuando el cabello nuevo nace cada vez más fino

En determinadas alopecias, el problema no consiste únicamente en perder más cabello. Algunos folículos experimentan un proceso de miniaturización y producen progresivamente tallos más finos, cortos y menos visibles.

Remartínez explica que una fase anágena corta no implica por sí misma quedarse sin pelo y señala que el riesgo aumenta cuando se combina con otros factores capaces de alterar el ciclo, entre ellos cambios hormonales, inflamación crónica del cuero cabelludo, estrés mantenido o déficits nutricionales.

Precisamente porque las causas de la caída pueden ser muy diferentes, tampoco existe una solución universal. Un champú, una loción o un suplemento no sirven indistintamente para cualquier pérdida de cabello: cuando la caída es anormal, conocer su origen es el primer paso.

¿Por qué parece que perdemos más cabello en otoño?

La llegada de septiembre y octubre suele ir acompañada de una preocupación recurrente: encontrar más cabellos en el cepillo, la almohada o la ducha. Existe cierta estacionalidad en la renovación capilar, por lo que algunas personas pueden experimentar periodos en los que aumenta el número de pelos que entran en fase de caída.

Pero no toda pérdida en esta época debe atribuirse automáticamente al otoño. Un efluvio telógeno, por ejemplo, puede manifestarse meses después de determinados desencadenantes, como una enfermedad, una intervención quirúrgica, un periodo de estrés intenso o ciertas carencias nutricionales. Precisamente porque el ciclo capilar es largo, causa y caída no siempre coinciden en el tiempo.

¿Podemos alargar la vida de nuestros folículos?

La nota de Nuggela & Sulé plantea prolongar la fase de crecimiento como una de las claves para conservar un cabello sano y fuerte. Desde el punto de vista biológico, mantener un funcionamiento adecuado del folículo es fundamental. Otra cosa muy distinta es pensar que determinados cosméticos o hábitos puedan «ahorrar ciclos» como si dispusiéramos de una cantidad fija que pudiéramos administrar.

Una alimentación equilibrada, el cuidado del cuero cabelludo y evitar agresiones innecesarias forman parte de unos buenos hábitos capilares. Pero cortar el pelo no fortalece el folículo y lavarlo menos tampoco impide que se desprendan aquellos cabellos que ya han llegado al final de su ciclo.

¿Cuándo deberíamos consultar?

Más que contar uno por uno los pelos que perdemos, conviene observar si algo ha cambiado respecto a lo habitual. Una caída claramente más intensa que se prolonga durante semanas, una disminución visible de la densidad, el ensanchamiento de la raya, zonas sin cabello o un pelo progresivamente más fino justifican una consulta con el dermatólogo.

También merece atención la aparición de picor, descamación, inflamación o dolor en el cuero cabelludo. Un diagnóstico permitirá distinguir una renovación fisiológica o un proceso temporal de otros tipos de alopecia que pueden necesitar tratamiento.

Nuestro cabello, por tanto, sí tiene un ciclo de vida, pero no lleva impresa una fecha de caducidad. Cada pelo que encontramos en el cepillo no representa un folículo perdido y esos famosos 30 ciclos son una estimación biológica, no una cuenta atrás.

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