≡

¿Tus uñas necesitan un detox después del verano? 8 claves para recuperarlas

Después de meses de manicuras, pedicuras y esmaltes semipermanentes, puede que tus uñas hayan terminado el verano más finas, quebradizas o descamadas. Pero recuperar las uñas después del verano no consiste en aplicar un endurecedor ni en dejarlas «respirar». La farmacéutica Fátima Rachdan nos explica qué cuidados necesitan, cuánto tardan en recuperarse y qué señales no deberíamos pasar por alto.

Las uñas no tienen pulmones: ¿para qué sirve que respiren del esmalte?

Aunque se habla mucho del «detox» de uñas, lo cierto es que no necesitan respirar ni eliminar toxinas. Están formadas principalmente por queratina y, si están dañadas, dejarlas sin pintar durante unos días no hará que se regeneren. Lo que sí puede resultar beneficioso es interrumpir las prácticas que las están debilitando.

«Una uña fina, blanquecina o descamada después de retirar un esmalte permanente no suele necesitar calcio ni otro cosmético que la endurezca. A menudo estamos viendo un daño superficial provocado por el limado o la retirada agresiva: esa zona no se repara, debe ser reemplazada a medida que la uña crece», explica Fátima Rachdan, farmacéutica y especialista en dermocosmética, suplementación y salud integrativa.

8 claves para recuperar las uñas después del verano

  1. Dale un descanso a las manicuras agresivas

Encadenar esmaltes semipermanentes, limados y retiradas puede acabar debilitando las uñas, especialmente cuando los procedimientos son agresivos. Si están finas o descamadas, conviene interrumpir temporalmente estas prácticas y observar cómo evolucionan.

El objetivo no es que las uñas respiren, sino evitar nuevas agresiones mientras crece la parte sana.

  1. Nunca arranques el esmalte permanente

Despegar o raspar el esmalte semipermanente puede llevarse también las capas superficiales de la uña. El resultado son manchas blancas, descamación y una lámina ungueal más fina.

La retirada debe realizarse mediante el procedimiento adecuado, sin raspar ni limar excesivamente la superficie. Si las uñas ya están deterioradas, cubrirlas inmediatamente con otro esmalte puede dificultar la observación de su evolución.

  1. Ten paciencia: la recuperación necesita tiempo

Una semana sin esmalte puede evitar nuevas agresiones, pero no reconstruye una uña dañada. La parte deteriorada debe ir desplazándose a medida que crece la uña nueva, un proceso que requiere varios meses.

Mientras tanto, mantenerlas relativamente cortas ayuda a prevenir enganchones, roturas y nuevos desprendimientos. La constancia importa más que cualquier tratamiento que prometa resultados inmediatos.

  1. Hidrata antes de recurrir a un endurecedor

Cuando las uñas se rompen o se descaman, es tentador recurrir a un endurecedor potente. Sin embargo, aumentar su rigidez no siempre es la solución: una uña demasiado rígida también puede romperse.

Los aceites, bálsamos y productos hidratantes para uñas y cutículas pueden ayudar a reducir la sequedad y mejorar su flexibilidad. También es recomendable utilizar guantes al limpiar o cuando las manos permanecen mucho tiempo en contacto con agua y detergentes.

  1. Respeta las cutículas: tienen una función protectora

Las cutículas no son un estorbo que debamos eliminar en cada manicura. Actúan como barrera protectora frente a la entrada de microorganismos, por lo que cortarlas, arrancarlas o empujarlas agresivamente puede favorecer las infecciones. La Academia Americana de Dermatología (AAD) recomienda evitar estas prácticas e hidratarlas con regularidad.

Si aparece dolor, enrojecimiento, hinchazón o pus alrededor de la uña, no basta con aplicar un aceite o una crema. Estos síntomas pueden indicar una infección y requieren valoración sanitaria.

  1. No todas las uñas amarillas tienen hongos

Los pigmentos de algunos esmaltes pueden teñir superficialmente las uñas, especialmente cuando se utilizan colores intensos sin una base protectora. Pero una coloración amarillenta también puede estar relacionada con infecciones, traumatismos u otras alteraciones dermatológicas.

«El color amarillo tampoco permite diagnosticar hongos. Si además existe engrosamiento, desprendimiento o material bajo la uña, conviene valorarla antes de aplicar un antifúngico o volver a cubrirla con esmalte», advierte Rachdan. Ante estos cambios, lo adecuado es identificar la causa y evitar los tratamientos por cuenta propia.

  1. No recurras automáticamente a la biotina

Las uñas frágiles no significan necesariamente que exista una carencia nutricional. Antes de tomar biotina, hierro, zinc u otros suplementos, conviene revisar la alimentación y valorar si existen otros síntomas o posibles déficits.

Además, la biotina no es completamente inocua desde el punto de vista diagnóstico. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) advierte de que los suplementos con dosis elevadas pueden interferir en determinadas pruebas de laboratorio y producir resultados incorrectos. Si tomas biotina y tienes previsto hacerte una analítica, comunícaselo al profesional sanitario.

  1. Aprende a reconocer las señales de alarma

Una línea oscura nueva o que cambia, una uña que se despega sin causa aparente, dolor persistente, inflamación o engrosamiento son motivos para consultar. También conviene prestar atención a las alteraciones que afectan simultáneamente a varias uñas.

No todas las manchas ni deformaciones indican una enfermedad grave. Sin embargo, algunas necesitan un diagnóstico temprano. La AAD recomienda que un dermatólogo examine las bandas oscuras nuevas o cambiantes, así como los desprendimientos y otras modificaciones persistentes de las uñas.

Recuperar las uñas después del verano exige, sobre todo, paciencia y buenos hábitos. No se trata de esconder las imperfecciones bajo otra capa de esmalte, sino de protegerlas mientras crecen y saber reconocer cuándo necesitan algo más que cuidados cosméticos.

Salir de la versión móvil