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¿Maquillarse igual a los 30, a los 50 o a los 70? Las claves para acertar a cualquier edad

El maquillaje no tiene edad, pero nuestra piel sí cambia con los años. Una base que antes nos encantaba puede dejar de ofrecernos el acabado que buscamos. El corrector puede acumularse en las líneas de expresión y ciertos productos necesitan una aplicación diferente. ¿Significa eso que debemos renunciar a nuestros colores favoritos? En absoluto. La clave del maquillaje a cualquier edad está en adaptar las texturas y las técnicas a las características de nuestra piel, sin dejar de experimentar ni de disfrutar frente al espejo.

No existe una edad a partir de la cual debamos abandonar los labios rojos, las sombras brillantes o el iluminador. Lo que sí puede cambiar es la forma de utilizarlos. Y, como recuerdan los maquilladores profesionales, muchas veces el secreto de un buen resultado no está en añadir productos, sino en aprender a dosificarlos.

La piel cambia, pero las reglas del maquillaje no son inamovibles

Con el paso del tiempo, la piel puede volverse más fina, perder parte de su elasticidad y presentar mayor sequedad. También pueden aparecer cambios de pigmentación, arrugas y variaciones en la textura. La Academia Estadounidense de Dermatología explica que estas transformaciones responden tanto al envejecimiento natural como a factores externos, especialmente la exposición solar.

Sin embargo, estos cambios no se producen al mismo ritmo en todas las personas. Una mujer de 35 años puede tener la piel seca y otra de 65, mixta. Por eso, el estado de la piel importa más que la fecha de nacimiento a la hora de elegir una base, un corrector o unos polvos.

A los 30: encontrar el equilibrio entre cobertura y naturalidad

Durante la treintena pueden convivir las primeras líneas de expresión con imperfecciones, brillos o manchas. No hay una única fórmula para maquillarse, pero sí un buen punto de partida: elegir productos que respondan a las necesidades reales de la piel.

Si buscamos un acabado natural, podemos aplicar una base ligera desde el centro del rostro y añadir cobertura únicamente donde sea necesario. Para disimular una ojera o una imperfección, suele funcionar mejor una pequeña cantidad de corrector bien difuminada que una capa gruesa.

También es un buen momento para experimentar con coloretes en crema, sombras de diferentes acabados y labiales intensos. La elección dependerá más del estilo personal y del efecto deseado que de la edad.

A los 50: adaptar las texturas para conseguir un acabado favorecedor

En esta etapa, algunas mujeres notan mayor sequedad, pérdida de luminosidad o cambios relacionados con la menopausia. La preparación de la piel adquiere especial importancia, sobre todo si el maquillaje tiende a marcar zonas deshidratadas.

El maquillador profesional Jordi Justribó, cofundador de THE LAB Beauty Studio en Barcelona, explicaba en una entrevista publicada por La Vanguardia que uno de los errores habituales al maquillar pieles maduras es sobrecargarlas de producto. Su recomendación apunta a utilizar texturas que se adapten a la piel y evitar las fórmulas excesivamente densas.

Una base fluida, aplicada en capas finas, puede ayudar a unificar el tono sin ocultar completamente la textura natural del rostro. El colorete aporta frescura y permite jugar con diferentes efectos según dónde lo apliquemos.

¿Y los polvos? No están prohibidos. Lo importante es utilizarlos donde realmente hagan falta, por ejemplo, para controlar los brillos, en lugar de cubrir todo el rostro de forma automática.

A los 70: luminosidad, definición y libertad para experimentar

A partir de los 70, la piel puede presentar mayor sequedad y una textura más irregular. Pero eso no significa que haya que maquillarse menos, utilizar exclusivamente tonos discretos o renunciar a los acabados luminosos.

El maquillador Gato, vinculado a Maybelline New York, recomendaba en Vogue España utilizar poca cantidad de base y escoger un tono que coincida con el de la piel, para conseguir un resultado uniforme sin sobrecargar el rostro.

En los ojos, una sombra bien difuminada, una máscara de pestañas y unas cejas suavemente definidas pueden aportar expresividad. Si los párpados presentan pliegues, conviene trabajar con pequeñas cantidades de producto y comprobar el resultado con los ojos abiertos.

Los labios también merecen atención. Con los años, su contorno puede perder definición, por lo que un perfilador de tono similar al labial puede ayudar a dibujarlo con precisión. Y sí, un rojo intenso sigue siendo una opción estupenda si nos apetece llevarlo.

Cinco claves de maquillaje que funcionan a cualquier edad

Más allá de las diferencias entre etapas, hay recomendaciones que pueden mejorar el resultado del maquillaje en cualquier momento de nuestra vida.

  1. Preparar la piel antes de maquillarla. Una piel bien hidratada facilita la aplicación de los productos. La Academia Estadounidense de Dermatología recomienda utilizar hidratante y protección solar a diario, adaptadas al tipo de piel. El protector solar debe aplicarse antes del maquillaje y no conviene confiar únicamente en el factor de protección de una base.
  1. Elegir la base por su acabado, no por nuestra edad. Las fórmulas ligeras pueden resultar cómodas si buscamos naturalidad, mientras que otras pieles necesitan mayor cobertura. Lo importante es probar cómo se comporta el producto a lo largo del día y evitar que se acumule en determinadas zonas.
  1. Utilizar el corrector con moderación. La maquilladora Martha Obeo, especializada en maquillaje de novias y televisión, recomienda utilizar poca cantidad de corrector en pieles maduras y aplicarlo después de la base para evitar que se marquen las pequeñas arrugas. Es un consejo útil siempre que la cobertura de la base permita prescindir de más producto.
  1. No renunciar al color. Los coloretes rosados, los tonos melocotón, las sombras satinadas o los labios intensos no tienen límite de edad. Podemos adaptar su intensidad y aplicación a nuestras preferencias, pero no necesitamos descartarlos por cumplir años.
  1. Recordar que el maquillaje debe adaptarse a nosotras. La mejor técnica no es necesariamente la que vemos en redes sociales. Es la que nos resulta cómoda, favorece el acabado que buscamos y encaja con el tiempo que queremos dedicarle.

Maquillarse para gustarse, no para parecer más joven

Quizá el cambio más interesante que podemos hacer en nuestra relación con el maquillaje sea dejar de utilizar la edad como una frontera. No necesitamos maquillarnos igual a los 30 que a los 70, pero tampoco tenemos la obligación de cambiar de estilo cada década.

Podemos seguir utilizando nuestro pintalabios favorito, descubrir una nueva textura de colorete o decidir que hoy preferimos salir sin maquillaje. Porque maquillarse bien no consiste en esconder los años, sino en encontrar la forma de expresarnos con la que nos sentimos mejor.

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