¿Bebes lo necesario cuando estás trabajando?

¿Al final de la jornada laboral te encuentras cansad@, con dolor de cabeza, náuseas, malestar? Puede que la culpa sea de los problemas del trabajo, sí. Pero también puede ser que no hayas bebido suficiente líquido durante la jornada laboral.

La hidratación influye en el rendimiento físico y mental. La piel se seca, pero la deshidratación también provoca cansancio, dolor de cabeza, dificultad de concentración y malestar general, síntomas que perjudican las funciones mentales. Si no bebemos lo necesario disminuye la capacidad de memoria a corto plazo, las habilidades aritméticas, la concentración, la capacidad visual, etc.

¿Y tu? ¿bebés lo que tu cuerpo necesita?

La vida en este planeta depende del agua y ésta es imprescindible para el cuerpo humano. El 70% del cuerpo es agua y está presente en casi todos los procesos que realiza: la circulación, la renovación celular, la digestión, la regulación de la temperatura, la absorción. Las células están repletas de agua que utilizan para nutrirse y eliminar toxinas.

Pero el cuerpo humano pierde líquido continuamente. Además de las funciones orgánicas en las que interviene el agua que recibimos a través de las bebidas y los alimentos, hay multitud de situaciones cotidianas en las que se pierden más líquidos de lo habitual, algo de lo que no solemos ser conscientes. En situaciones en las que se requiere un gran esfuerzo mental, como en el trabajo o mientras se estudia, no hidratarse reduce el rendimiento mental y empeora algunas facultades como la memoria a corto plazo, la capacidad de concentración o las habilidades matemáticas.

Cada día gastamos al menos 1,5 litros de líquido entre la respiración, la transpiración y la orina

En los trabajos que requieren esfuerzo físico o en los industriales, además del agua que perdemos por el trabajo en sí, la ropa hermética o el equipamiento de protección pueden también provocar deshidratación. Y, como nos has leído más de una vez, el aire acondicionado es uno de los mayores factores de deshidratación y un auténtico enemigo de la piel.

¿Cómo solucionarlo? Bebiendo suficiente líquido. A menudo es tan sencillo como colocar en la mesa una botella de agua o un refresco. Otras veces no. Pero en esos casos hay que hacer paradas en el trabajo para reponer líquidos: tomarse un café, un té, un refresco, agua, una fruta, ayuda a rehidratar el organismo. Y, por supuesto, no beber nada que lleve alcohol, ya que contribuye a la deshidratación.

Si se bebe menos de 8 vasos de líquido al día se corre el riesgo de deshidratarse
Si no se tiene un acceso fácil al agua, como en el caso de quien puede tener a mano su botella, lo ideal sería hacer paradas cada dos horas para beber algo. Está demostrado que después de ese tiempo el rendimiento intelectual disminuye, por lo que es recomendable también aprovechar esos paréntesis para estirar las piernas.
¿Difícil? Cierto, en algunas empresas puede que no lo entiendan, por lo que es importante explicar que el simple hecho de reponer líquido mejora las condiciones físicas y mentales y, por tanto, el rendimiento laboral.

Precisamente para concienciar sobre este tema se ha editado una guía, Hidratación en el trabajo, que incluye recomendaciones básicas que son obvias pero que a menudo olvidamos:

Las frutas y verduras proporcionan agua, ya que lo son en un 80%

La guía Hidratación en el trabajo, publicada por el Profesor Javier Aranceta Bartrina, Presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), y el Profesor Lluís Serra-Majem, Presidente de la Fundación para la Investigación Nutricional (FIN) y Presidente de la Academia Española de Nutrición y Ciencias de la Alimentación, tiene como objetivo formar y concienciar de la importancia de la hidratación a los profesionales de la salud, pero también a directivos de empresa y a las autoridades, para que sean conscientes de la importancia de reponer líquidos y transmitan esta información a toda la población.

Cómo afecta a la piel

La piel, el órgano más extenso del cuerpo humano, contiene el 35% del agua de todo el organismo, cantidad que varía en función de las necesidades de éste, pues la piel se comporta como una reserva hídrica que cede ésta al resto del organismo cuando la necesita. La falta de agua en la piel, la deshidratación cutánea, se manifiesta con sensación de tirantez, pérdida de suavidad, falta de flexibilidad, escozor y descamación, especialmente en zonas como la cara, las manos, las piernas, los codos, las rodillas y la planta del pie. Estas zonas necesitan mayor hidratación, ya que su manto hidrolipídico (la capa de agua y grasa que protege la piel) es menor y están expuestas constantemente a las inclemencias del tiempo o al roce. Para mantener la piel hidratada sólo hay que mantener unas mínimas normas:

 

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