Piel deshidratada aunque uses crema: por qué ocurre (y por qué no siempre es culpa del cosmético)

Aplicar una buena crema hidratante mañana y noche y, aun así, sentir la piel tirante, apagada o incómoda es más habitual de lo que parece. La deshidratación cutánea no siempre tiene que ver con el producto que usamos, sino con cómo está funcionando la barrera de la piel y con determinados gestos cotidianos que interfieren en su equilibrio. Te explicamos por qué puedes tener la piel deshidratada aunque uses crema.

La piel deshidratada no es un tipo de piel, sino un estado puntual o recurrente que puede afectar a cualquier persona, incluso a quienes tienen la piel grasa o mixta. Cuando la barrera cutánea se altera, la piel pierde agua con facilidad y deja de responder bien a los tratamientos, por muy avanzados que sean.

En este contexto, pequeños hábitos que pasan desapercibidos pueden marcar la diferencia entre una piel confortable y una piel permanentemente tirante.

Estos 4 gestos deshidratan tu piel

Abigail Arduan, directora de los Centros de estética Arduan, identifica los gestos más comunes de las rutinas de belleza que, sin quererlo, están deshidratando la piel.

Pese a invertir en cosméticos de última generación y seguir rutinas cada vez más completas, muchas veces el verdadero origen de una piel apagada, tirante o sin vida está en los pequeños gestos del día a día. Hábitos tan cotidianos como la forma en la que limpiamos el rostro, lo que bebemos o incluso la temperatura del agua pueden estar afectando a la hidratación cutánea sin que seamos conscientes de ello.

La especialista en estética facial avanzada identifica estos errores para mantener una piel sana, luminosa y equilibrada. Estos son los más frecuentes… y los que conviene revisar cuanto antes.

1. No limpiar la piel correctamente ni de forma adecuada

Es uno de los errores más comunes y, a la vez, más perjudiciales para la hidratación de la piel. “Una piel mal limpiada no puede retener la hidratación correctamente, pero una limpieza con productos inadecuados también compromete su barrera protectora”, explica Abigail Arduan. “La clave está en usar fórmulas suaves, respetuosas y adaptadas a cada piel, que limpien sin agredir ni resecar”.

Saltarse la limpieza facial, especialmente por la noche, impide eliminar restos de maquillaje, contaminación y sebo, lo que afecta directamente a la función barrera. Por otro lado, utilizar limpiadores no adaptados al tipo de piel puede provocar tirantez, irritación y pérdida de agua.

Una limpieza correcta, realizada mañana y noche con un producto adecuado a tu tipo de piel, es la base para que la piel se mantenga hidratada y receptiva. Si la piel no está bien limpia o se utilizan fórmulas inadecuadas, ningún tratamiento posterior va a funcionar al cien por cien”, señala la experta.

2. Beber poca agua y abusar de bebidas deshidratantes

La hidratación de la piel no depende únicamente de los cosméticos. Empieza desde dentro.

Beber poca agua de forma habitual, unido al consumo frecuente de café, alcohol o bebidas azucaradas, favorece la deshidratación cutánea y se traduce en una piel apagada, con sensación de tirantez y mayor tendencia a marcar líneas.

La piel es uno de los primeros órganos en reflejar la falta de hidratación interna. Cuando el cuerpo no recibe suficiente agua, prioriza funciones vitales y la piel queda en segundo plano”, explica Abigail Arduan. Mantener una hidratación constante es clave para conservar elasticidad, luminosidad y capacidad de regeneración.

3. Exfoliar la piel con demasiada frecuencia

La exfoliación puede ser un gran aliado, pero solo cuando se realiza con criterio. Hacerla en exceso es uno de los gestos que más contribuyen a la deshidratación cutánea.

Muchas personas confunden exfoliar con limpiar mejor, y eso es un grave error”, advierte la especialista. Eliminar células muertas de forma excesiva también arrastra los lípidos naturales que protegen la piel, debilitando la barrera cutánea. Además, no todos los exfoliantes ni todas las pieles necesitan la misma frecuencia.

Existen exfoliantes de uso diario, formulados para una renovación suave, y otros más intensivos que deben aplicarse solo una o dos veces por semana. El problema aparece cuando se utilizan sin conocer realmente las necesidades de la piel”, añade Arduan.

Una valoración profesional es clave para evitar sensibilidad, irritación y pérdida de hidratación.

4. Usar agua muy caliente al lavar el rostro o ducharse

El uso habitual de agua muy caliente es otro gesto cotidiano que contribuye silenciosamente a la deshidratación de la piel.

El agua caliente puede resultar agradable, pero a nivel cutáneo es muy agresiva, explica Arduan. Arrastra los aceites naturales que mantienen la piel protegida y la deja más vulnerable, seca y tirante”.

Con el tiempo, este hábito puede agravar la sensibilidad, la descamación o la pérdida de elasticidad. Optar por agua templada y reducir la duración de la ducha o la limpieza facial ayuda a preservar la hidratación natural y el equilibrio de la piel.

 

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