Hay tratamientos faciales que se sienten agradables mientras los recibes y otros que, además, dejan huella cuando te miras al espejo al terminar. Esto es exactamente lo que me ocurrió hace unos días en Cinc Estètica, el centro barcelonés dirigido por Xènia García, donde tuve la oportunidad de probar en primera persona el tratamiento Tomate Glow de Ella Baché coincidiendo con el 90 aniversario de la firma francesa.
La experiencia comenzó gracias a Rosa Girona, responsable de comunicación del centro estético, que me invitó a descubrir este protocolo realizado por María, directora técnica de Ella Baché. El objetivo era claro: devolver luminosidad, suavidad y uniformidad a una piel que, en mi caso, empezaba a verse algo apagada y deshidratada tras semanas de estrés, ordenador y cambios de temperatura.
Y sí, después del tratamiento entendí perfectamente por qué el tratamiento Tomate Glow es uno de los protocolos insignia de la firma.
Un tratamiento pensado para transformar la calidad de la piel
Nada más entrar en Cinc Estètica, un espacio elegante y muy tranquilo situado en pleno centro de Barcelona, María me explicó que Tomate Glow es un tratamiento inspirado en las técnicas de meso-peeling dermoestético y diseñado para mejorar visiblemente la textura y luminosidad de la piel desde la primera sesión.
Antes de empezar, realizó un diagnóstico detallado de mi piel para adaptar el protocolo a sus necesidades concretas. Una filosofía muy alineada con la propia esencia de Ella Baché, que siempre defendió que no existen dos pieles iguales y que cualquier tratamiento debe personalizarse.
Una vez acomodada en la cabina, comenzó el ritual.

Así fue mi experiencia con el tratamiento Tomate Glow
El primer paso fue la limpieza facial. María utilizó varios productos de la línea Ella Perfect y Tomate Glow para eliminar impurezas y preparar la piel. Las texturas son extremadamente sensoriales, pero sin resultar pesadas ni invasivas.
Después llegó uno de los momentos clave del tratamiento: la exfoliación progresiva inspirada en el micro-peeling. Aquí entendí que Tomate Glow no busca agredir la piel ni generar una sensación extrema de descamación, sino trabajar la renovación cutánea de forma gradual y respetuosa.
Durante el protocolo se aplican fórmulas enriquecidas con el complejo antioxidante de tomate de la firma y activos inspirados en los peelings dermoestéticos. La idea es transformar progresivamente la calidad de la piel y aportar ese efecto de piel más lisa, uniforme y luminosa.
María fue combinando distintos productos de la gama Tomate Glow con maniobras manuales muy precisas. Especialmente agradable fue el momento del masaje facial, realizado con movimientos lentos y envolventes que ayudaban no solo a trabajar la piel, sino también a descargar tensión.
Entre los productos utilizados se encontraba la icónica Crème Tomate L’Originale, formulada con un complejo antioxidante derivado del tomate y concebida para aportar luminosidad y suavidad a la piel día tras día.
También probé el contorno de ojos Tomate Glow, diseñado para iluminar la mirada y mejorar progresivamente bolsas, ojeras y líneas de expresión gracias a ingredientes como niacinamida, vitamina C estabilizada y extracto de ciruela de Kakadu.
Otro detalle que me llamó la atención fue la utilización de dispositivos y accesorios específicos para potenciar la penetración de los activos y estimular la piel. Todo el protocolo tiene un enfoque muy técnico, pero sin perder esa parte sensorial y relajante que muchas veces marca la diferencia en cabina.
El resultado: una piel más luminosa, uniforme y descansada
Cuando María me ofreció el espejo al finalizar el tratamiento, el cambio era evidente.
La piel se veía mucho más luminosa, uniforme y fresca. Pero, sobre todo, tenía una textura mucho más lisa y confortable. Esa sensación de piel cansada y algo áspera había desaparecido casi por completo.
Además, el efecto no era artificial ni excesivamente glow. Simplemente parecía una piel descansada, hidratada y saludable. Justo el tipo de resultado que personalmente más me interesa cuando hablo de estética y cuidado facial.
El tratamiento Tomate Glow está especialmente indicado para pieles apagadas, con falta de luminosidad, textura irregular o primeras líneas de expresión, aunque puede adaptarse prácticamente a cualquier tipo de piel gracias a su enfoque personalizado.
Ella Baché, una pionera de la dermoestética

Más allá del tratamiento en sí, hay otro aspecto que merece la pena destacar: la historia de la mujer que fundó la marca.
Ella Baché fue farmacéutica y una auténtica pionera de la dermoestética moderna mucho antes de que este concepto existiera como tal. Nacida en Budapest en 1900, fue una de las primeras mujeres de su país en graduarse en ciencias farmacéuticas y decidió especializarse en fisiología cutánea.
En 1936 creó la mítica Crème Tomate, considerada el primer cosmético con AHA. La inspiración surgió observando cómo las campesinas de su país utilizaban tomate sobre la piel para mejorar la luminosidad del rostro.
Su visión siempre fue muy clara: desarrollar productos eficaces, basados en la ciencia y respetuosos con la piel, alejándose de promesas exageradas y modas pasajeras.
Noventa años después, esa filosofía sigue muy presente tanto en los productos como en los protocolos profesionales de la firma.
Duración del tratamiento: 75 minutos.
