Cada 18 de octubre se celebra el Día Mundial de la Menopausia, una iniciativa de la International Menopause Society para aumentar el conocimiento sobre esta etapa y mejorar la salud y el bienestar de las mujeres. Sofocos, alteraciones del sueño o cambios en la salud ósea forman parte de la conversación habitual, pero hay otro órgano que también acusa la transición hormonal: la piel en la menopausia puede volverse más seca, fina y sensible, perder firmeza e incluso reaccionar de manera diferente a cosméticos que hasta entonces toleraba perfectamente.
La explicación está, en buena medida, en el descenso de los estrógenos. Estas hormonas intervienen en procesos relacionados con el colágeno, el grosor y la hidratación cutáneos, la función barrera y la cicatrización. Por eso, adaptar los cuidados puede tener sentido. Pero no significa que al llegar la menopausia haya que jubilar todo el neceser y comprar una rutina completamente nueva.
Piel en la menopausia: ¿qué cambia realmente?
Sequedad y picor se encuentran entre las molestias cutáneas habituales durante esta etapa. También pueden producirse adelgazamiento de la piel, mayor facilidad para los hematomas, pérdida de elasticidad y una cicatrización más lenta. La American Academy of Dermatology (AAD) señala asimismo que, al disminuir los niveles hormonales, la piel puede hacerse más seca, fina y flácida y tardar más en cicatrizar.
Pero conviene huir de un nuevo estereotipo: no todas las mujeres llegan a la menopausia con la misma piel ni experimentan los mismos cambios. Continúan importando el tipo de piel, la genética, la exposición solar acumulada, los hábitos y las posibles enfermedades dermatológicas. Una revisión científica publicada en 2024 incide precisamente en la complejidad de la piel menopáusica y en la necesidad de valorar las distintas opciones de tratamiento atendiendo a la evidencia disponible.
Por eso resulta interesante una de las ideas que plantea Raquel González, cosmetóloga y creadora de Byoode: cuando aparece la sequedad, la reacción habitual es buscar inmediatamente una crema «más densa, más nutritiva, más contundente». Sin embargo, durante esta etapa pueden coexistir pérdida de agua y lípidos con cambios en el colágeno, la elasticidad o la pigmentación.
Hidratar más no siempre significa elegir la crema más rica
Una de las consecuencias de la menopausia puede ser una menor capacidad de la piel para retener agua. Para combatir la sequedad, la AAD recomienda utilizar un limpiador suave en lugar de jabones que puedan resultar demasiado deslipidizantes y aplicar hidratante después del baño o cuando la piel lo necesite. Ingredientes humectantes como la glicerina y el ácido hialurónico pueden resultar especialmente útiles.
También podemos fijarnos en ingredientes destinados a favorecer una barrera cutánea saludable. «La piel en menopausia está menos cómoda, más apagada y con una barrera que necesita más apoyo. Por eso no es suficiente con buscar una crema más rica; hay que pensar en hidratar, reparar, proteger y tratar», explica González.
Y no debemos limitar estos cuidados al rostro. Cuello, escote, brazos, piernas y manos también son piel. Si existe sequedad corporal, conviene evitar las duchas muy calientes y prolongadas, utilizar limpiadores suaves y aplicar una hidratante adecuada tras el baño.
Cuidado con querer renovar demasiado
Otro error posible es responder a una piel más apagada o irregular aumentando indiscriminadamente la exfoliación. Pedro Catalá, doctor en Farmacia, profesor de Química Cosmética en la Universidad de Siena y fundador de Twelve Beauty, advierte: «Forzar la renovación celular con exfoliantes agresivos debilita la barrera cutánea y aumenta la inflamación. En este caso, menos es más».
Esto no significa desterrar los exfoliantes o los retinoides. La propia AAD contempla los retinoides entre las opciones que pueden ayudar frente a algunos cambios asociados al envejecimiento cutáneo. La clave está en adaptar frecuencia y concentración a la tolerancia real de la piel, en lugar de mantener por inercia una rutina que empieza a producir escozor, descamación o irritación.
Ácido láctico, mandélico, glicólico o gluconolactona son algunas de las opciones cosméticas propuestas por las expertas consultadas, con diferentes capacidades exfoliantes y perfiles de tolerancia. Pero más renovación no significa necesariamente mejores resultados.
Colágeno y firmeza: uno de los grandes cambios
La caída de los estrógenos está relacionada con cambios en el colágeno, el grosor y la elasticidad de la piel. La evidencia científica lleva décadas estudiando esta relación y continúa investigando cómo abordar específicamente la piel con déficit estrogénico.
¿Podemos detener estos cambios con una crema? No. Pero eso tampoco convierte la cosmética en inútil. Los retinoides pueden formar parte del abordaje de determinados signos del envejecimiento cutáneo, mientras que los antioxidantes pueden complementar la rutina. Los péptidos y otros ingredientes cosméticos también se utilizan en fórmulas destinadas a mejorar la apariencia de firmeza.
Lo importante es mantener expectativas razonables: un cosmético puede mejorar hidratación, textura y apariencia, pero no puede reproducir la arquitectura de una piel más joven ni revertir por completo los cambios hormonales.
SPF: este paso no se jubila
La menopausia tampoco borra décadas de exposición solar. Manchas y otros signos del daño acumulado pueden hacerse más evidentes con el paso del tiempo. La AAD recomienda fotoprotección de amplio espectro SPF 30 o superior y recuerda que algunas lesiones cancerosas pueden confundirse inicialmente con manchas de la edad.
Por tanto, si aparece una nueva lesión pigmentada o una mancha cambia de tamaño, forma o color, no conviene intentar aclararla directamente con un cosmético: primero debe valorarla un dermatólogo.
La fotoprotección también es una de las recomendaciones de las expertas consultadas. Mireia Fernández, directora dermocosmética de Perricone MD, resume su importancia de forma muy gráfica: «Llueva, truene, nieve o haga un sol de justicia», el protector solar debe seguir formando parte de la rutina.
No cuides la piel que tenías, sino la que tienes ahora
Quizá esta sea la idea más útil en el cuidado de la piel en la menopausia. No hace falta perseguir cada cosmético etiquetado para piel madura ni declarar la guerra a las arrugas. Sí conviene observar qué ha cambiado.
Si ahora notas más sequedad, revisa limpieza e hidratación. Si los activos que utilizabas empiezan a irritarte, reduce su frecuencia o consulta cómo incorporarlos. Mantén la fotoprotección y extiende los cuidados más allá del rostro. Y si aparecen picor persistente, lesiones nuevas, erupciones o cambios cutáneos importantes, consulta con dermatología.
«Envejecer bien no es borrar los signos de la edad, sino fortalecer la piel», afirma Pedro Catalá. Una frase especialmente pertinente en un momento en el que hablar más de menopausia debería servir también para dejar de presentar sus cambios como defectos que necesariamente haya que corregir.
