Polvos de sol, bronceadores, terracotas… Con estos nombres se identifica a un clásico del maquillaje veraniego: los polvos de tonos marrones y con partículas doradas y nacaradas, sueltos o compactos, que aportan al rostro luz y un efecto de piel sana y bronceada.
Y es que el maquillaje de verano tiene que ser ligero y fresco. Hay que olvidar las texturas mates o muy cubrientes y optar por acabados satinados, brillantes y transparentes que realzan el bronceado natural de la piel.

