Sol, calor, cloro, sal, sudor… Después de semanas sometida a todos estos factores, es habitual que la piel vuelva de las vacaciones más deshidratada, sensible, áspera o apagada. Cuidar la piel después del verano no significa, sin embargo, lanzarse inmediatamente a exfoliar o recuperar todos los activos de la rutina. Primero hay que ayudarla a restablecer su equilibrio.
Silvia Oliete, directora y fundadora de Blauceldona, nos propone hacerlo siguiendo cinco pautas y, sobre todo, respetando los tiempos de la piel. La idea es comenzar con una limpieza muy suave y una buena hidratación para reparar la barrera cutánea y, posteriormente, incorporar de manera progresiva la exfoliación y los activos destinados a tratar algunas de las consecuencias del verano, como las manchas o la pérdida de luminosidad.
1. Empieza por una limpieza especialmente suave
Después del verano podemos tener la tentación de realizar una limpieza profunda para eliminar restos de fotoprotectores, sudor y células muertas. Según explica Oliete, conviene hacer justo lo contrario: tratar la piel con especial delicadeza mientras se recupera.
La exposición solar ha alterado la capa lipídica natural y, al mismo tiempo, la piel puede presentar un engrosamiento de la capa córnea. Utilizar limpiadores demasiado agresivos, especialmente jabones con sulfatos o un pH alcalino, puede eliminar parte de los lípidos que todavía conserva la epidermis y favorecer la sensación de tirantez.
También es frecuente que los poros acumulen durante estas semanas sudor, células muertas y restos de filtros solares resistentes al agua. Para retirarlos, Oliete recomienda recurrir a limpiadores suaves, en crema o espuma, que permitan eliminar las impurezas sin necesidad de frotar. Y esta precaución no se limita al rostro: la limpieza corporal también debería ser suave mientras se mantiene el bronceado.
2. Recupera el agua… y también los lípidos
La hidratación es uno de los grandes objetivos de la rutina postvacacional. El sol, el viento y el calor favorecen la pérdida de agua, mientras que el cloro de las piscinas y la sal del mar pueden alterar los lípidos de la epidermis. El resultado puede ser una piel menos elástica, con descamación y mayor sensación de sensibilidad.
En el rostro, Silvia Oliete aconseja aplicar ácido hialurónico sobre la piel ligeramente húmeda y, a continuación, una crema con ingredientes como ceramidas, niacinamida o ácidos grasos. No se trata únicamente de aportar agua, sino también de reforzar la barrera encargada de evitar que esa humedad se pierda.
El cuerpo tampoco debería quedar relegado. Para brazos, piernas y escote, especialmente propensos a la sequedad después del verano, propone utilizar bálsamos que contengan ingredientes como urea, manteca de karité o aceite de almendras y aplicarlos justo después de la ducha. Codos y talones merecen una atención especial si presentan sequedad o aspereza.
3. Exfoliar sí, pero sin prisas
Cuando el bronceado empieza a desaparecer, podemos descubrir una piel más opaca, irregular o áspera. Durante los meses de mayor exposición solar, la capa más externa de la epidermis se engrosa como mecanismo de defensa y se acumulan células muertas.
Para favorecer su renovación, Oliete apuesta por la exfoliación química o enzimática frente a los exfoliantes físicos con gránulos, ya que permite evitar la fricción sobre una piel que todavía puede estar sensibilizada.
En el rostro, propone introducir de manera progresiva y por la noche alfahidroxiácidos (AHA), como el ácido glicólico, o ácido láctico cuando se busca una acción más suave. Para el cuerpo menciona lociones o geles con ácido salicílico (BHA) o gluconolactona, especialmente en zonas con tendencia a presentar una textura más áspera, como brazos, piernas o espalda.
4. Recupera los activos poco a poco
Otro error sería regresar de vacaciones y retomar de golpe una rutina intensiva. Si la piel está deshidratada o sensibilizada, Oliete recomienda reincorporar progresivamente los activos de acción más intensa.
La vitamina C puede mantenerse en la rutina. Según explica, durante el verano contribuye a minimizar los efectos de los radicales libres y, posteriormente, continúa siendo interesante por su acción sobre el colágeno y los procesos relacionados con la pigmentación.
Para otros activos de acción profunda, aconseja esperar a que el bronceado se haya ido difuminando y la piel haya recuperado su equilibrio. La prioridad inmediatamente después de las vacaciones debería ser, por tanto, reparar e hidratar antes de intensificar el tratamiento cosmético.
5. El protector solar no termina con las vacaciones
Puede que hayamos guardado el bañador, pero no deberíamos hacer lo mismo con el fotoprotector. La protección solar debe mantenerse durante todo el año, especialmente si hemos empezado a utilizar ingredientes que favorecen la renovación de la piel.
Oliete recomienda para el rostro un fotoprotector de amplio espectro SPF 50, adecuado al tipo de piel, como último paso de la rutina de mañana. Y recuerda zonas que solemos olvidar cuando dejamos atrás la playa: cuello, escote y dorso de las manos también permanecen expuestos a la radiación.
La constancia resulta especialmente importante cuando existen manchas, ya que continuar protegiendo la piel ayuda a evitar que vuelvan a oscurecerse.
¿Y si queremos una puesta a punto en cabina?
Los cuidados domiciliarios pueden complementarse con tratamientos profesionales. Para después del verano, Silvia Oliete propone SO Total Ritual, un protocolo facial y corporal de Blauceldona concebido para limpiar, renovar, hidratar y nutrir la piel en una misma sesión.
Según la información facilitada por el centro, el tratamiento combina el cuidado del rostro y el cuerpo y está especialmente dirigido a pieles que después de las vacaciones presentan un aspecto apagado, desequilibrado o falto de vitalidad. Tiene una duración de 90 minutos y un precio de 150 euros.
